“Tenemos un gran problema en el deporte infantil y tiene dos nombres: papá y mamá”.

Así arranca el discurso del escritor y padre Daniel Pink sobre la importancia de dejar que nuestros niños jueguen sin estar nosotros presentes.

Lo interesante de este mensaje es que no está dirigido a los padres que todos tenemos en mente, a esos padres ultracompetitivos a los que les encanta ver cómo sus hijos baten a los rivales, a esos padres que se quejan del árbitro… en fin, ya sabéis a los que me refiero.

Este mensaje va para los otros padres, para los buenos, padres como tú (o tú en unos años). Esos padres que nunca critican al árbitro, que dicen “no pasa nada” cuando sus hijos pierden…Sí, esos padres también son parte del problema. Somos parte del problema. Todos sabemos que está genial decir que no nos perdemos ni un partido de nuestros hijos. Seguro que eso nos hace muy felices, ¿pero realmente hace felices a nuestros hijos?

Si queremos que nuestros hijos disfruten de los beneficios del deporte, aquí comparto dos acciones, fundamentadas en investigación, que deberíamos llevar a cabo:

1) No vayas a los partidos de tus hijos

Lo siento, es hora de echarse a un lado.

¿Por qué?

En primer lugar, el deporte infantil está concebido como una zona libre de padres y es precisamente esta sensación de libertad la que hace que los niños aprendan y desarrollen las habilidades que queremos que tengan de mayores.

En segundo lugar, como señala Pink, si tenemos la sensación de estar invirtiendo nuestro tiempo y atención cada vez que vamos a sus partidos, ¿no sería normal esperar algún retorno? ¿De un/a niño/a de 10 años? Es hora de quitarles a nuestros hijos el lastre de las expectativas que sin quererlo depositamos sobre ellos.

Tercero, cuando los niños se acercan a nosotros o nos miran para obtener consuelo, aprobación o recoger comida, una parte de ellos se está distrayendo de lo que de verdad importa: ser capaces de dominar algo difícil, las obligaciones para con sus compañeros, el juego en sí. Aún recuerdo cuando le dije a mi padre que no viniera más a verme jugar al tenis y un día me lo encontré escondido detrás de un arbusto…con la mejor de las intenciones…

Y en cuarto lugar, el mero hecho de estar en la grada puede hacer que impidamos que nuestros hijos trabajen la responsabilidad. Si ellos triunfan en el campo, serán ellos, no nosotros, los que se merecerán ese disfrute. Si pierden, o se equivocan, y lo harán, serán ellos -con la ayuda de sus entrenadores- quiénes tendrán que averiguar cómo responder ante el reto la próxima vez.

Como el experto Mark Hyman señala, “el mayor problema es que ningún padre quiere “ser el primero en desarmarse” y reconocer que el sistema falla en su conjunto”.

Y no olvidemos que el deporte trata de historias. Si nosotros no estamos en la grada, los niños serán los dueños de la historia. “Y nos contarán después lo que fue bien y lo que no, en lugar de ser nosotros quienes les digamos lo que hicieron mal mientras vamos en el coche camino a casa”, indica Pink.

2) Combina sus horas de deporte extraescolar con las de deporte informal

El modo en el que practicamos deporte importa, y mucho.

Varias investigaciones han demostrado que los niños de hoy en día pasan mucho menos tiempo en entornos informales y mucho más tiempo en entornos -deportivos o no- organizados por adultos.

¿Por qué es el deporte informal tan necesario?

El tiempo que pasamos practicando deporte en entornos informales (jugar con los amigos en el barrio, echar “pachangas” con los amigos en el parque, etc) está directamente relacionado con nuestra capacidad creativa. Y lo más importante, que incluso asusta, el tiempo que pasamos practicando deporte organizado (ej: entrenando en un equipo) tiene un impacto negativo sobre nuestra creatividad.

Los entornos deportivos informales ofrecen a los niños la libertad del autogobierno, de crear reglas, de resolver problemas y conflictos en función de sus propios acuerdos.

¿Quiere decir esto que el deporte extraescolar u organizado es malo?

En absoluto. El deporte organizado les permite aprender lecciones de vida fundamentales como pocas otras cosas lo consiguen: el respeto, la toma de decisiones, superar la frustración, la disciplina… El problema es que si nos centramos sólo en este tipo de actividades, estaremos fomentando los modelos exclusivamente jerárquicos a la vez que disminuiremos el desarrollo del potencial creativo de nuestros niños.

De hecho, un estudio realizado a 100 estudiantes de grado y postgrado sacó como conclusión que la única diferencia entre los estudiantes más creativos y los menos creativos era que los primeros pasaron una media de dos horas más a la semana practicando deporte informal durante su etapa escolar.

Como apunta el investigador Matthew Bowers, la clave está en el equilibrio. Matthew recomienda que los padres dejen que sus hijos tengan más tiempo para el deporte informal (al menos el 15% del tiempo de ocio de los niños) que de deporte organizado (al menos 13%). Por supuesto, cuanto más practiquen ambos, mucho mejor.

Lo que realmente importa es que seamos conscientes de la importancia que tiene una distribución equilibrada del tiempo que nuestros hijos dedican tanto al deporte formal como al informal.

¿Entonces es mejor si no voy a ningún partido?

Si asistimos a uno o dos partidos al año, nuestros hijos de hecho lo apreciarán aún más y les quitaremos la presión y el estrés de querer cumplir con nuestras expectativas en cada partido.

¿No es acaso mejor dejar que nuestros hijos nos cuenten cómo les fue el partido y si se lo pasaron bien? Dejemos que sean dueños de su historia y animemos a los padres a practicar deporte mientras sus hijos juegan. Así seguro que todos recordaremos por qué nos encanta el deporte.